martes, 17 de abril de 2012

El complejo arte del retrato

El severo maestro japonés enseñaba a sus alumnos a dibujar un árbol. La consigna
propuesta era realizar el árbol como si fuese un retrato.
Las ramas debían poseer el aspecto de frescos brazos acariciando el aire.
En el tronco era obligatorio descubrir los rasgos de una cara que continuara
armoniosamente en la extensa túnica que daba forma al cuerpo.
“La personalidad”, pontificaba frente a sus discípulos, “se define en el dibujo
de las hojas”. “Cada una suele formar parte de un pensamiento diferente”.
Al mismo tiempo que el anciano educador realizaba su tarea, un alumno lo
dibujaba. Sólo que lo hacía como si el maestro fuese un árbol.

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