lunes, 29 de abril de 2013

LA HISTORIA SE REPITE

Bencomo se dirigía desde el valle de Taoro hacia un futuro incierto. Su camino era lento ya que paraba a contemplar el paisaje que le había acompañado toda su vida: la costa abrupta que era castigada por las olas; las altas y verdes montañas que lo flanqueaban desde su salida; el cielo azul, despejado y limpio que siempre cubría su cabeza. Tenía tiempo de pensar si toda la isla lucharía porque, a pesar de estar matando a sus hermanos, no todos los Menceyes veían al invasor como enemigo. Le asaltaba la duda y el desanimo pero, simplemente, con mirar atrás, ver a su pueblo siguiéndole y Echeyde protegiéndoles, sus fuerzas se restablecían. Habían llegado a su tierra en casas flotantes y quisieron someterlo. Lo obligaron a defenderse cuando había ofrecido su amistad. Ya había vencido en Acentejo y dejó escapar la ocasión de acabar con la invasión, un error que no volvería a cometer…
Bencomo se dirigía has Santa Cruz de Tenerife para comprobar lo que le decía su amigo:
-“Nos invaden, Bencomo… ya han llegado”-. Bajaba por la autopista en su coche y ya está centrando su  visión en las dársenas. –No me lo puedo creer, cómo es posible, esto es el fin – se decía. Solo faltaba sortear todas las obras de la cuidad y verlo con sus propios ojos pero decidió estacionar lejos para retrasar su llegada y desilusión. Se dirigía a Valleseco, hacia un futuro incierto. Su camino era lento ya que paraba a contemplar el paisaje que le había acompañado toda su vida: la costa edificada que era castigada por las constructoras; los altos y grises edificios  que lo acompañaban desde su aparcamiento; el cielo gris, nublado y contaminado que siempre cubría su cabeza. Tenía tiempo de pensar si todos si todas las islas lucharían porque no todos veían al “invasor” como un enemigo. Le asaltaban la duda y el desanimo pero, simplemente, con mirar atrás, veras su pueblo confundido y cegado ante tal atrocidad, su fuerza se restablecía. Pudo ver como las plataformas petrolíferas habían llegado a su tierra “Ser reparadas”. Lo estaban obligando a defenderse cuando había ofrecido otra opción. Recordó el mural de la lucha de Acentejo hoy llamado, injustamente, La Matanza, lugar donde se dejo escapar la ocasión de acabar con la invasión, un error que no deberían de volver a cometer. Bencomo tenía una segunda oportunidad.

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