lunes, 29 de abril de 2013

BANDERITA

Hoy, que es día de particular, acudimos a la escuela con ropa de domingo. El sol brilla en el cielo; el frío cruje en la tierra. Nosotros estamos emocionados; el pueblo, engalanado. Formamos en el patio del colegio; niños a un lado, niñas a otro. La comitiva escolar, que desfila hacia la entrada del pueblo, la preside el director del colegio, custodiado por los maestros y maestras. Por delante de nosotros, ya marcha el alcalde, vestido de gala, bastón de mando en mano. Detrás de él caminan los concejales y los alguaciles. Los curiosos se asoman a balconadas y ventanas engalanadas de fiesta.
 Hace frío, tanto que infiere dolor a las carnes de nuestras piernas desnudas, recubiertas tan solo por un pantalón cortito que aprieta nuestros muslos enflaquecidos. Nos situamos junto al borde de la carretera. Ya están allí las monjas, y los ancianos y ancianas del asilo con sus ropas menos raídas.
La Guardia Civil pone orden a nuestro alboroto, cortándolo de raíz. Nos dan una banderita de España con todo lujo de detalles, incluido en el escudo el águila imperial. Nos ordenan que las agitemos cuando nos lo señale el sargento; nosotros jugueteamos con ellas, manos en la espalda.
El aire gélido raspa nuestras orejas. A mi me parece que se ha reposado sobre la punta de mi nariz, tan helada ni con el vaho de mi boca consigo hacerla entrar en calor.
-¡¡Ahora!! –ordena el sargento, su tricornio calado hasta su única y enorme ceja, que compite en negrura y espesor con su mostacho.
 La comitiva de coches y motoristas pasa por delante de nuestras narices como un rayo que no deja ni rastro mientras las banderitas cortan el aire,  y se escuchan gritos de júbilo. ¡Viva! Y más vítores a diestra y siniestra.
 <<Todos de vuelta a casa, que la misión ya está cumplida y podéis sentiros orgullosos>>, nos dice el alcalde con jactancia. Todos nos miramos sin saber qué ha ocurrido ni qué decir.
En el telediario de las tres dan la noticia: el Jefe del Estado está pescando salmón en aguas bravas, a cientos de kilómetros de nuestro pueblo. Entonces… ¿De quién era el guante blanco que asomaba por la ventanilla del coche negro que hace tan solo un par de horas ha pasado a toda velocidad por las afueras de mi pueblo en dirección al coto para que su ocupante cazara ciervos cebados para él?

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