lunes, 29 de abril de 2013

ALMAS SELENITAS

Con nuestra atención distraída en la salida de la Tierra llena, departíamos sobre la posible existencia de vida en aquella lejana bola azul que ascendía sobre el gris de nuestro horizonte. Mi amiga repetía, con una pasión y convicción que me divertían, que allí la vida inteligente tiene sustancia. Me aseguraba que ella recordaba haber sido en la Tierra una especie de mole alargada que avanzaba erguida sobre el suelo. Juraba por sus apagados que allí sobrevivía incorporando y evacuando constantemente materia, que se comunicaba generando sonidos guturales, y hasta que se unía con otros seres en extravagantes contorsiones. Luego, tras mirar antes a ambos lados y bajando el volumen de sus telepatía, me confesó que podían incluso llegar a ser placenteras. Ella pensaba que cuando nos apagamos nuestras almas van a la Tierra, donde se solidifican para purgar allí no sé qué faltas. Muchas creían que mi amiga estaba chiflada; a mí simplemente me parecía un poco excéntrica.
Desde entonces, con ademán indiferente y quitándole importancia para no ser tachada de esotérica o mística, me he dedicado a investigar el fenómeno. Así es cómo, de cráter en cráter y tras miles de testimonios, he podido constatar que un elevado porcentaje de luces —sobre todo las más jóvenes— parecen recordar la curiosa existencia material y terrícola. Francamente, me tienta la posibilidad de apagarme para poder comprobarlo… pero una tenaz y angustiosa incertidumbre sobre el más allá me lo impide.

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